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jueves, 10 de enero de 2008

Placeres

Se han dado cuenta que los actos fisiológicos nos proporcionan deliciosas sensaciones. Detallemos:

- el placer de hacer peepee. Al estar con ganas de orinar, y no encontrar un wc cercano, se sienten ganas de alzarse el follón y ... ahí mismo. Cuando despiertas en la mañana, lo más rico es levantarse, ir al baño en calidad de zombi y descargar la vejiga. ¡Ahhhhh!!! Alivio inmediato...

- el placer de hacer popo. Estos deseos son más urgentes. iTener ganas y no poder es lo peor que puede suceder! Se paran los pelos que bordean la columna vertebral, sientes que se te pone la carne de gallina, todo signo de humanidad se pierde ante tan terrible necesidad. Las tripas pueden empezar a sonar. Dependiendo de la salud del momento, los desechos pueden ser dolorosamente sólidos, lesionando la intimidad a su paso y deseando que salgan de una vez del cuerpo, o pueden ser ... ay, mejor no continuo describiendo, qué asco. No me gusta mucho la escatología. Desalojar los intestinos de tan desagradable carga es tan placentero, orgásmico, aliviante. Eso sí, por mucho que lo desee, nadie ha escuchado ni escuchará jamás la voz de mi trasero, soy muy cuidadosa con mis gases toxicos.

- el placer de beber. Me refiero, a la sed normal y natural que cualquier ser humano que visite el centro de Guayaquil sentirá tras caminar 3 cuadras sobre los adoquines hirvientes. Llegado un momento, buscarás un aguatero, o por lo menos un colero, para que con diez centavos alivie la sed por lo menos hasta tomar agua, sí, humilde agua que se siente revitalizadora, dadora de vida mejor que cualquier otra cosa en el mundo.

- el placer de comer. Con hambre, cualquier cosa, verdad. Aunque sea en Urdaneta y Pedro Moncayo, con una alcantarilla pestilente cuyo hedor es atenuado con los hornos que se ubican en el sector. La gente degusta con mucho placer todos aquellas frituras. Personalmente, no lo soporto. Prefiero atenuar el hambre con un tabaco, pero como lo estoy dejando, no sé si sucumbiré a los sanduches de chancho de Luis Urdaneta.

- el placer de un baño: el calor humedo de nuestra hermosa ciudad nos vuelve groseros (contrario a la teoría generalizada de que el guayaquileño es hospitalario, yo lo considero sabido, grosero, metido y aprovechado...). Pero, tras un acalorado día de trabajo, un baño refrescante alivia todos los pliegues de mi cuerpo, domesticándome en el acto. ¡Ahhh!!! Adoro bañarme cada 6 horas.

- el placer del sueño: después de las actividades diarias, quien no encuentra delicioso acurrucarse a la cama y dormir. Boca abajo, en posicion fetal, boca arriba, parada, con los ojos abiertos. Como sea, pero dormir. El bostezo que conduce al sueño, con una carga extra de oxigeno intenta despertar al cerebro. Mi recomendación, a dormir. Aunque poco cumpla yo misma ese consejo, pues cuando estoy enfrascada en algo, desoyo la señal de mis bostezos, me lavo la cara y continuo.

- el placer del sexo: ya sabía yo, mis lascivos lectores que este era el placer del que querían leer mi descripción. iJeje! Pues sí, imaginen el cuadro, una semana sin estar con el objeto del deseo. Ya a estas alturas, toda la piel se erotiza ante la necesidad insatisfecha, la zona íntima se anega fácilmente con cualquier recuerdo, el cuerpo se prepara, la mente divaga con las escenas más prohibidas compartidas o con fantasías que desean hacerse realidad. A veces, la fidelidad se va al cuerno, el cuerpo lo exije. Cuando una está enamorada, no puede ir y saciar las ganas con cualquier galán que suele aparecer. Para eso Diosito nos dió dos manitas con diez deditos; también hay ingenios tecnológicos que, combinados con el teléfono, logran disipar las ganas momentáneamente.

- el placer de un hijo: tener un bebé en la panza es la función fisiológica más deliciosa que todas las anteriores. Acarrea algunas sensaciones horrorosas, a saber: nauseas incontenibles en las mañanas, tardes, noches, mareos imprevistos, molestias en las glándulas mamarias (cómo duelen las tetas, ¡carajo!), mal sabor de boca, hipersensibilidad emocional... pero la maravillosa sensación de sentirse acariciada desde dentro, sentir la vida en ebullición en lo más profundo del ser, esos latidos ajenos y a la vez propios, esa conexión que jamás será igual tras el nacimiento... Agradezco a la vida el ser mujer y haberlo experimentado. Y a la hermosa potencial posibilidad de repetirlo.

Pleasure, little treasures...

5 comentarios:

  1. y el placer de la venganza? y el placer de ser libre?...fue un placer!

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  2. el placer de decir "te lo dije" es cruel en unas ocasiones pero q bien q se siente...
    muy deacuerdo con usted srta.
    hay placeres y placeres

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  3. yo hablaba de placeres fisiológicos... esos placeres que mencionan Sergio y Luna son más sutiles.. humanos.

    Un placer sus visitas...

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  4. entonces soplarse un moco verde...

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  5. Todos tenemos nuestros placeres. algunos raros pero placeres al fin.

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